Imagen y Semejanza |
"Cuando Dios creó al hombre, lo creó semejante a Dios mismo. Hombre y mujer los creó." Génesis 1, 27. Y como semejantes, así nos llevamos. |
“Is God willing to prevent evil, but not able? Then he is not omnipotent. Is he able, but not willing? Then he is malevolent. Is he both able and willing? Then whence cometh evil? Is he neither able nor willing? Then why call him God?”— - Epicurus, philosopher (c. 341-270 BCE) (via lyssahumana)
Si Dios tuviera un sitio web, en su FAQ seguro vendría esta:
¿porqué Dios permite el mal?
Y es que claro, es difícil razonar cómo es que un Dios que se supone que no solo es “bueno” sino Lo Bueno permita el mal. Y si razonarlo es complicado, cuando uno sufre ese mal, el sentir que Él es bueno como que no nos cuadra. Nos enoja. Incluso nos peleamos con Él.
Ésta es mi teoría:
Si nos hizo semejantes a Él, nos hizo libres, como Él. Y como nos ama, la libertad que nos da es completa. Ojo: no estoy diciendo que nos haya hecho omnipotentes. Eso es otra cosa. Además, mi libertad colinda con la tuya; no existimos cada uno en el vacío.
A lo que voy es que nos dió libertad completa; incluso para darle la espalda. Y si yo le doy la espalda, Él renuncia a su propia omnipotencia en respeto a la libertad que me dió. En cierta medida, Dios nos ha dado a cada uno poder sobre su omnipotencia. ¿No es escalofriante?
Él nos hizo. Nos conoce. Sabe que le podemos fallar. ¡Y de qué manera! Con todo esto, es fiel al regalo de libertad con el que nos equipó desde el principio. ¿Porqué haría algo así? De esto no puedo sino concluir que
Dios está loco.
No se trata de que tenga un convenio con Satán para espantarnos y devolvernos al buen camino, ni creo que entre los dos estén jugando al ajedrez con nosotros. El mal tan horrible que llegamos a ver en el mundo, si vamos a la raiz, se reduce a una explicación: alguien le dió la espalda a Dios.
¿Porqué lo permite? Te digo: está loco. Pero loco de amor. Si nos hizo con y por amor, nos hizo para el amor. Y el amor, sin libertad, no es amor. Cuando Jesús dice “ya no los llamos siervos, sino amigos”, nos lo confirma: estamos juntos porque queremos, no porque te pague por estar aquí. Hay confianza. Y la puerta está siempre abierta por si te quisieras ir… y si quisieras regresar también.
Misterio. Pero en pequeña escala, ya he tenido mi probadita de esto. Mi propio papá, a semejanza de El Papá, me ha dejado cometer errores. Me advirtió, me apoyó, incluso me fastidió en cierta medida para que me diera cuenta. Pero hechas las debidas advertencias que se le hacen a un “adulto”, me dejó elegir. Y cuando topé con pared, me dejó volver a intentar y corregir el camino.
Yo mismo tengo ya mis hijos. Les doy las advertencias que se le hacen a un niño. Pero sé que igual a veces se caerán (y a veces no). Y que voy a estar ahí para ellos. Lo que no puedo hacer es vivir por ellos, elegir por ellos, violar su legítima libertad. En todo hay escalas, límites. Pero la libertad está ahí desde el principio, cortesía de ya sabes quien.
No es, pues, que Dios haya creado el mal. Ni siquiera que lo permita. Lo que pasa es que está tan loco, que cree que todo esto nada más se trata de amor. Amor y libertad. Y así las cosas, está en nuestras manos.
Me parece increible que le demos tanta importancia al mal, cuando éste no es sino una consecuencia de darle la espalda, un subproducto. Pero esto será tema de otra ocasión.
Había que empezar con el principio; el Génesis. El 1,27, donde dice que Dios nos creó a semejanza suya.
En mi experiencia, a veces confundimos fe y religión. La religión es un sistema, una comunidad, y como tal, precisa de ciertas reglas de convivencia, de ciertos acuerdos, de un órden y de ciertos compromisos individuales a favor de un bien común.
La fe es otra cosa. En principio, si varios compartimos la misma religión, los principios de fe serán los mismos. Pero sobre todo, la fe es una experiencia personal. No digo “relativa”. No digo “haga su propia religión”. Digo simplemente que la fe es mi experiencia personal con Dios; mi relación con él. Como toda relación, evoluciona, cambia, se transforma. Como toda relación, hay cosas que pueden parecer extrañas, desconcertantes, incluso escandalosas para quien la ve desde fuera. Pero como buena relación, la cosa es entre Él y yo
Aquí voy a estar escribiendo algunas conclusiones a las que llego de este experiencia personal, de cómo impactan en mi vida, y de lo que me dicen de mi religión, y de Él, a fin de cuentas.
Génesis 1, 27.